
Hoy , por primera vez, no voy a postear algo propio, porque encontré algo que una vez le mande a una amiga, y no podría decirlo mejor con mis palabras.
" Es una fiesta sorpresa que nos damos a nosotras mismas. A las heridas amorosas que se curan, que ya no duelen, que se cierran, hay que tomarlas así: con reverencia. Sucede un día, después de andar penando quién sabe cómo y cuánto. Nos habíamos quedado lastimadas, como frutas que alguien muerde y después decide no comer. Como flores arrancadas de su tallo, como cuentas de un collar desenhebrado. Y sucede de improviso – quizá porque pasó el tiempo, quizá porque somos sabias – que pensamos en él o que lo vemos, y es... un hombre, un hombre a secas, un hombre que ya no nos conmueve. Lo comprendemos con la mente, pero también con el corazón y necesariamente con las uñas, y las palmas de las manos y las rodillas y la piel del vientre: hay cicatriz allí donde antes hubo herida. Capítulo cerrado. Libro leído. Lección aprendida. Flor en su tallo. Fruta intacta. No hay rencor: hay futuro."
Gracias Sandra Russo, prometo intentarlo.