
Cuando una pareja se separa, cada uno se encuentra frente a determinados problemas domésticos y no tantos, que son los que antes resolvía con una facilidad envidiable nuestra “ otra mitad” , y por ello jamás nos preocupamos en ver como se hacia.
Algunos se enfrentan con la crianza de los hijos, pañales, prepararles la cena, llevarlos al medico, otros con los quehaceres domésticos , el uso del lavarropas (gracias fulano por dejarme inspirar en tu blog para este posteo), como planchar una camisa, acertar el producto que se usa para que el piso quede mas brillante y otros con las cuestiones administrativas del hogar ya que no tienen ni idea cuanto se paga de luz por mes, donde se pagan las expensas, donde están las boletas ya pagas de ABL.
En mi caso el gran problema que descubrí al separarme tiene que ver con un artefacto muy particular: EL TALADRO.
Recuerdo haber tenido en mi casa una valijita muy hermosa que portaba un taladro, muchas mechas, tarugos y tornillos varios, que con el tiempo me di cuenta que quedó del otro lado del Muro en la división de bienes y entonces no me quedo otra que aplicar en casa el lema: “todo lo que se rompe o se descuelga quedara en el lugar donde cayo por los años de los años.”
En charla de amigas me di cuenta que este es un problema común a toda mujer que se separa. Salvo para una de mis amigas que me dio la solución:
- Contratate un marido a domicilio- me dijo sonriente mientras sacaba de su cartera una tarjeta con el teléfono.
- P-e-r-d-o-n??? – le dije extrañada
- Vos llamalo y decile lo que necesitas, y el te lo soluciona- me dijo mientras me guiño el ojo
La propuesta sonaba tentadora. Con un llamado solucionaría mis problemas .Al menos los que a taladro se refreían.
Y así fue, lo llame y concerté un día y hora para su visita.
Llegado el día acordado toco timbre y ahí estaba el. Vestido de un impecable negro, taladro en mano dispuesto a hacerme tantos agujeros como yo le pidiera.
- Hola, vos sos Román??- le dije con la sorpresa que me causo ver un hombre tan bonito y bien vestido en lugar del clásico electricista o plomero a lo que estaba acostumbrada .
- Así es, soy tu marido a domicilio, por donde empezamos?- contesto el con una sonrisa que le ocupaba media cara.
Una vez que le indique en cada espacio de mi casa lo que necesitaba colgar, poner, arreglar, o ajustar comenzó a trabajar.
No les voy a negar que un par de ratones atravesaron mi cabeza mientras lo veia en acción, El solo me miraba y sonreía, y yo le correspondía.
Estaba a punto de terminar, solo faltaba terminar de colgar un estante, agarro su taladro e hizo su ultima perforación, cuando terminó de salir la mecha de la pared me miró y exclamó un simple y contundente: “UHHHHH” y se agarró la cabeza.
Lo mire extrañada y al acercarme al agujerito comenzó a salir un chorrito de agua por el mismo cayendo sobre la alfombra, lo que me confirmó que había perforado el tanque de agua del baño con que lindaba la habitación.
Peor el remedio que la enfermedad, decía mi abuela. Y así fue, que al día siguiente para “arreglarlo” me hizo un hermoso agujero de 10 cmts de diámetro que selló, empastó, y enyesó, con lo que arruino definitivamente mi blanca pared recién pintada y mi semana.
Cual sería para uds la moraleja de esta historia?